miércoles, 4 de julio de 2007
"Dame un beso de esos de película !"
...le gritó Molly a Daniel mientras se encaramaba a su nuca con la mano izquierda y a su cintura con la derecha.

Menos mal que la cama estaba al lado ya que, bien por el nada despreciable peso de Molly, bien por el lumbago que argumentó él, bien por la risa floja que les entró a los dos, de no haber caído en blando el beso de película podría haber terminado en urgencias con un cuadro de traumatismo craneoencefálico y/o hernia de disco.

El pobre muchacho procedió a cumplir sus deseos y besarla; no en balde pensba que aquel era el colofón final a una tarde/noche de cine, aunque no estaba muy seguro si la película había sido de acción, de amor, de humor, erótica, de ciencia ficción o de terror. Lo que él no sabía era que aquel no era el beso previo a la caída del telón, sino el beso antes del entreacto. Acababa el primer (en realidad segundo) acto INDOOR y ahora empezaría el tercero, rodado ya en exteriores. Concretamente, de nuevo en las calles y los bares de La Latina.

Tumbada en la cama recobrando el resuello, Molly se sentía cual Scallet O’Hara en aquella escena de “Lo que el viento se llevó” cuando por fín el Capitan Rhett Butler le mete un achuchón para que se le quitara la tontería, sube con ella en brazos aquella magnánime escalera de Tara, cierra la puerta del dormitorio tras de sí y la censura de la época nos obliga a pensar que allí dentro le dió lo de aquella noche y muchas otras, todo junto.

Claro que, por mucho que la mueca que pudiera estar poniendo en aquel momento de calma tras la tempestad se asemejara a aquella con la que despertó Scarlett al día siguiente (lo que en español se traduce como “estar bien-follá”), cualquier parecido físico entre las dos era cosa de ciencia ficción. Molly era más del tipo Bridget española, como además podía también corroborar su lencería. Aunque con el paso de los años cada vez se iba pareciendo más a Kathi Bates. Bueno, él era monoo pero no era tampoco Clark Gable, a pesar que a veces fuera descarado como él.

Aquel fin de semana ella había entrado en una tienda (no de Rodeo Drive precisamente) y había comprado OCHO BLUSAS Y UN PANTALON de una sentada y en menos de media hora, siendo atendida por una dependienta china aún más desagradable que la que sale en Pretty Woman, y dejando la VISA tan delgada que daban ganas de apadrinarla. Él se había quedado a cuadros cuando ella comentó “no te quiero, sólo te utilizo para el sexo”. Aún así, no eran ni Julia Roberts ni Ricard Gere (gracias al cielo!)

Él había puesto una cara de entre incredulidad, decepción y miedo cuando ella empezó a imitar un orgasmo a grito pelado, como en “Cuando Harry encontró a Sally”. Aún así, no eran ni Meg Ryan ni Billy Cristal.

Intentaron imitar a Kim Basinger y Mickey Rourke en “Nueve semanas y media”, pero les faltó tiempo y cosas en la nevera (pero queda anotado para el remake!)

Para ser realistas, creo que a lo que más se llegaron a acercar fue a Shrek y Fiona. Al menos fue una tarde muy muy muy divertida ... y un poco verde, para qué negarlo. Todo formaba parte de una película de serie B, completamente alternativa, que Molly había empezado a rodar apenas puso el pie en Madrid el viernes por la tarde. El film mezclaba todos los géneros y un crisol de personajes de lo más peculiares de todos los colores, como correspondía por ser el fin de semana del orgullo gay (aunque, en su mayoría, más tirando al color rosita).

Molly hacía repaso mental a las últimas semanas mientras descansaba abrazada a Daniel en la cama y se daba cuenta de que la peli estaba llegando al final feliz que todo el mundo espera encontrar cuando va al cine. Después de las semanas de duda-angustia, por fin estábamos saliendo a la luz después del túnel (“....Caroline ... corre hacia la luz!”). Aquellos si que se podían tachar de "Encuentros en la tercera fase".
El fin de semana había visto las cosas mucho más claras. Claro, que no era de extrañar, ya que las cosas se ven de otro color cuando uno las ilumina con la luz de las velas que lleva poniéndole todo el fin de semana a San Miguel (donde va, triunfa), aunque también el sábado noche también le cayera alguna al Sagrado Cristo del Eristoff.

De todas maneras, hay que ver cómo mejora el resultado si uno elige bien los escenarios de rodaje. Madrid últimamente queda estupendamente en la pantalla. Será la luz y el clima (en Munich no para de llover y no da más que para una película de gansters)? Serán los coprotagistas y los extras? Será el idioma de escritura del guión? Será el catering (San Miguel es misericordioso con los fieles! por no hablar de las tapitas...)

De pronto Molly vió la luz y se dió cuenta del secreto: había estado comiendo croquetas todo el fin de semana: sábado, domingo y lunes!!!! Sí, eso debía de ser, no sé si estarían rellenas de jamón, de bacalao o de LSD, pero se constataba una vez más que las croquetas eran lo mejor del mundo: las píldoras de la felicidad. "A Dios pongo por testigo que jamás volveré a pasar hambre!"

Tras unas últimas secuencias de primeros planos muuuuy cortos repostando energía y pasando la correspondiente inspección por parte de los amigos de ella, Molly y Daniel se despidieron aquella noche como en la escena de la lluvia de “Nueve semanas y media”: comiendose a besos en un callejón solitario como si lo fueran a prohibir. Fundido a negro.
La peli salió tan bien que el director de la película decidió hacer una segunda parte (que, en contra de lo que diga el refrán, no tiene porqué ser mala) y, si la cosa funciona en las carteleras, quizás hasta una trilogía. Quién sabe?

THE END ... o TO BE CONTINUED???
 
posted by Rita Peich at 7/04/2007 01:06:00 a. m. | Permalink | 7 comments