sábado, 24 de enero de 2009
El deporte es muy peligroso
Salía del gimnasio, mayormente cansada, pero significativamente relajada, contenta de haber arrastrado mi cuerpo maltrecho hasta allí un par de horas antes y a pesar de mi horrible dolor de espalda y de estómago.

Completamente simple y casi inerte, con mi gorro hortera, mi bolso de mercadillo, mi mochila al hombro, mi iPod ... en fin, una curiosa y estrambótica mezcla de estéticas y un estado físicoemocional bastante neutro, aún con la crema sin terminar de absorver por la piel y el pelo ligeramente húmedo. Agradecí el frescor del ambiente y que, aún así, no era frío como cabría esperar de una noche de Enero en estas latitudes del planeta.
De repente, al abrir la puerta y salir a la calle, me encontré en mitad del pasillo formado por varios edicios de oficina, concrétamente tres, de frío cristal y aún más gélido metal, con un suelo empedrado y un cielo techado de nubes soltando copitos de fría nieve que caían despacio pero continuadamente. Habré pasado miles de veces por allí, pero me sorprendió como nunca me había hecho.
La música en el mp3 intensivaba la situación. No quiero decir con ello que la famosa manzanita y su sobrevalorada calidad de sonido fuera el responsable de aquella extranya escena, pero lo cierto es que esa canción sosegada y clara producto de la reproducción aleatoria de más de 300 temas era lo único que irrumpía en el silencio tan absoluto de la escena (o al menos a mí así me lo parecía, ya que tapaba el eco de los coches que inundan la carretera que hay a escasos 100 m) y parecía que el tema había sido escrupulosamente elegido para la ocasión.

Comencé a andar, despacio, hasta que después de unos metros tuve que pararme y mirar a mi alrededor, en redondo, intentando descubrir porqué aquello me resultaba, sin serlo, tan nuevo y tan asombrosamente familiar a la vez. Estuve durante unos segundos parada, como congelada en el tiempo, buscando qué era aquello tan evidente. Me sentía, si no necesariamente el protagonista, sí dentro del escenario de una película. De hecho, de varias películas. Pero cuál?
En la primera en la que pensé fué en Blade Runner (mítica película para muchos, pero que nunca me conquistó, al menos en los trozos en los que conseguí quedarme despierta). La estética de aquellas torres de oficinas, el pasillo que se forma entre ellos, el metal, la noche ... me recordaban a las escenas de Japón desde el tren que atraviesa la ciudad.
El silencio, la ausencia de movimiento en un sitio tan bullicioso en otros momentos (de día, en horario de oficina) me hicieron recordar la escena inicial de "Abre los ojos", con aquella fantástica imagen de la Gran Vía madrilenya como en un único fotograma. La perspectiva era muy parecida, si pasamos por alto el ángulo vertical picado del plano de la peli que no podía emular dado mi limitado 1,65m de altura. Pero no, aquella tampoco era.
Seguía prácticamente estática. Sólo saqué mi teléfono para hacer un vídeo de la situación tan extranya, en un giro lento de 360°. El suelo se había cubierto de polvo blanco en el que no había siquiera pisadas ya que probableme no pasaba un alma por allí en la última media hora. Era como la última escena de la primera parte de Bridget Jones, cuando ella sale corriendo a la calle, llevando tan sólo las bragas y zapatillas debajo del abrigo, bajo la nieve, detrás de él ... sólo que yo no perseguía a nadie y sí me había dado tiempo a ponerme los pantalones. Pero no, definitivamente aquella escena tampoco era lo que estaba buscando.
La nieve seguía cayendo despacio, asombrosa y artificialmente lenta, y me hacía pensar que quizás no cayera del cielo, sino desde unos canyones instalados en los techos de los edificios. Aquello fue la conexión definitiva a la película que estaba buscando. Bingo! Escena final de "Eduardo Manostijeras", cuando él sale haciendo estátuas de hielo, derramando las virutas sobre la ciudad en forma de nieve, y ella gira y gira en su jardín, casi bailando, debajo de esa nieve que él mandaba para dar a enterder que seguía vivo, allí arriba.
Y esta es la escena rocambolesca que una vive cuando sale del gimasio. Rocambolesca por los 10 min que me he pasado allí haciendo nada, sólo pbservando y dando vueltas con la cabeza hacia arriba y las palmas hacia el cielo. Aún así, ha sido una bonita escena. Sólo espero que nadie me haya visto y, menos aún, lo haya grabado.



Serán danyos colaterales de la pérdida de calorías y sales minerales. Ahora entiendo a la gente que dice que el deporte es una droga ... sí, pero alucinógena.

por cierto, por si a alguien le interesa, la canción es ésta:



... sé que no tiene mucha relación con la película (más bien tirando a ninguna) pero se oía fantásticamente bien. (escúchese a alto volúmen, bajo la nieve, en calidad "manzanita". Cierre los ojos, suba el volúmen, y DISFRUTE)
 
posted by Rita Peich at 1/24/2009 01:37:00 a. m. | Permalink |


4 Comments:


  • At 1/29/2009 3:41 p. m., Blogger Jean Bedel

    Pero como se te ocurre después del gimnasio (odio cuando lo llaman Gym) salir ahí a la intemperie germana y quedarte 10 minutos dando rulos. Capaz de coger una pulmonía :-). Ainss, que poco me gustan los gimnasios :-). Un abrazo, y te perdono lo que has dicho de Blade Runner porque te tengo mucho aprecio :-P

     
  • At 2/05/2009 2:06 p. m., Anonymous Pablo

    Por favor, el video que filmaste!!!

     
  • At 2/26/2009 11:06 p. m., Anonymous rapunzel

    rita k nos tienes abandonados....

     
  • At 5/09/2009 11:28 a. m., Blogger Té la mà Maria - Reus

    very good blog, congratulations
    regard from Reus Catalonia
    thank you