
El caso es que, por diversos motivos, durante las últimas semanas la figura la lavadora aparece una y otra vez en mi vida. Veamos:
- En el fin de semana que pasé asilada políticamente en casa de mis amigos tras el facaso matrimonial con Maldon, me fui al cine con Ana y vimos una peli que se llama TU VIDA EN 65 PALABRAS y que empieza con la imágen de una lavadora en funcionamiento y el protagonista sentado en frente, observándola. Yo la verdad es que alguna vez he hecho lo mismo de pequeña, pero ahora ya no. A raiz de esta escena, pensé en ello y creo que es una buena manera de relajarse y tomar decisiones importantes. Lo malo es que yo en mi casa de ahora no lo puedo practicar porque la cocina es tan ínfima que no me puedo sentar en el suelo y porque además tengo una de esas lavadoras de carga superior, en las que no hay puerta redonda y en las que no ves la ropa dando vueltas dentro del bombo. Pero en la que me compre para mi casa nueva sí se verá, y me sentaré a mirarla y ver pasar la vida (pero no en el frío suelo, sino en una silla, que una va teniendo ya una edad)
- Últimamente presto especial atención a las instrucciones de lavado de la ropa, cosa que jamás había hecho anteriormente. Sobre todo la semana pasada, cuando tuve que lavar a mano!!! (no lo había hecho en años) la lencería que me compré para mi luna de miel con mi cibermarido y que tan poquito me cundió ... una lástima, chica!!!

- A este respecto, dicen que los trapos sucios se lavan en casa .... yo juro que lo intenté, pero era como hablarle a una pared o, por qué no, a una lavadora. Y como no quise quedarme con este caudal de aguas de centrifugado dentro (cuya cal habría acabado estropeando mi lavadora porque aún no se han inventado las pastillas de Calgón para el alma) me he visto obligada a hacer un drenaje en este blog. Ahora los trapos ya están limpios y tendidos, esperando que con el tiempo se sequen. Pero ahora ya no es necesario que la tecnología intervenga: sólo el tiempo, el calor del sol (si es que un día vuelve a lucir por estas latitudes) y nuevos vientos que soplen, conseguiran hacer el resto. De modo que he decidido “no darle más vueltas” al asunto y no volver a tocar el tema. Lo siento por aquellos que habéis preguntado, pero para eso está el blog, para que cualquiera pueda leer (mi versión, al menos). Quién sabe, quizás un día sobre un viento tan fuerte, que en lugar de secar los trapos, estos salgan volando y desaparezcan de mi vida y de mi memoria como la tontería que fue.
- Eso no estaría mal. Estaría genial si alguien (los de Balay, que tienen un anuncio tan chulo en que parece que no te venden una máquina sino un expendedor de mimos y bienestar) inventatan una máquina para lavar pensamientos: un auténtico lavado de conciencia. Y ya puestos, un lavado de imagen también ayudaría a quitar ciertas “manchas” de la memoria o en el expediente de uno. Ya conocemos todos el refrán de la mancha de mora roja y la verde... y hay manchas muy jodías ... y si no que se lo pregunten a Clinton ;-)

Bueno, creo que ya tengo hecha toda la colada: lavada, tendida y casi seca, sólo falta planchar .... pero planchar la oreja, es que muy tarde!
Besos con suavizante, como Mimosín